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El Viaje Nocturno y la Ascensión

“¡Gloria a Quien una noche hizo viajar a Su siervo desde la Mezquita Inviolable hasta la Mezquita más lejana, aquella cuyos alrededores hemos bendecido, para mostrarle parte de Nuestros signos! Verdaderamente Él es Quien oye y Quien ve” (Viaje Nocturno, 1).

La noche de ayer, según la mayoría de los ‘ulamas, noche 27 del noble mes de Rayab, se conmemora el milagroso viaje, y decimos milagroso porque no hay otra manera de explicarlo ni de comprenderlo, no es comprensible para la mente humana, si nos regimos por las leyes de la mente, el viaje que realizó el Mensajero de Allah, en el décimo año de la Profecía, desde Meca hasta Medina, el Isra wal Mi’ray.

El cómo sucede el Isra wal Mi’ray, está recogido de forma fidedigna en bastantes ahadiz del Mensajero de Allah, en ellos nos vamos a basar para esas palabras.

En ellos se narra que una noche, mientras el Mensajero estaba acostado en al-Hatim, un lugar en la esquina norte de la Ka’bah, despertó y vio ante él al ángel Gabriel que le traía un animal blanco más pequeño que una mula y mayor que un asno “Era el Buraq”, Su zancada llegaba al punto más lejano que podía alcanzar su vista. El Ángel Gabriel le dijo al Profeta Muhammad que montara el animal, y juntos viajaron más de mil doscientos kilómetros de distancia a la masyid más lejana, Masyid Al-Aqsa.

Después de viajar la enorme distancia hasta Jerusalén a lomos de esta magnífica criatura, el Profeta Muhammad llegó al área conocida como Masyid Al-Aqsa. Desmontó y ató a Al Buraq a un anillo (aldaba) en la puerta. Entró en la Mezquita y allí dirigió a los Profetas durante la oración. Este suceso, no se nos puede pasar por alto, ya que es una prueba clara y evidente de la preeminencia del Mensajero Muhammad, sobre el resto de Profetas y Mensajeros, Al hacer Allah que el Profeta fue el Imam, estaba indicando que él, salla allahu alaihi wa sallam, era el ultimo de los profetas y el sello de los Mensajeros, y que su Din, el Din del Islam, era la forma de vida definitiva, es decir, que tras él, no habría ninguna otra sharia, y que por tanto, el Islam, abrogaba el resto de sharias anteriores. 

Mientras se encontraba aún en el área de la Masyid Al Aqsa, el Ángel Gabriel se presentó ante el Profeta Muhammad con dos copas, una llena de leche y la otra llena de vino, y le ofreció ambas. El Profeta eligió y bebió la leche. El Ángel Gabriel entonces le dijo: “La alabanza le pertenece a Allah, que te ha guiado a la fitrah; si hubieras tomado el vino (en ese momento el vino aun no estaba prohibido), tus seguidores se habrían perdido.

Tras este suceso, comienza la segunda parte del viaje, el Mi’ray, la ascensión, la ascensión a los cielos. Gabriel le llevo hasta el primero de los cielos, donde pidió que le abrieran. Dijeron: “¿Quién es?” Contestó: “Gabriel”. Dijeron: “¿Quién viene contigo?” Contestó: “Muhammad”. Dijeron: “¿Le han mandado venir?” Contestó: “Sí”. Dijeron: “Bienvenido sea y en buena hora”. Y abrieron. Y una vez dentro, se encontró allí con Adam. Y dijo (Gabriel): “Éste es tu padre Adam, salúdalo”. El Mensajero lo saludo, y él le devolvió el saludo, le manifestó su creencia en su profecía y le dijo: “Bienvenido sea el hijo recto y el Profeta recto”. En ese cielo, contempló el Mensajero de Allah a los afortunado a la derecha y a los despreciables a la izquierda, y cada vez que Adam, alaihi sallam, miraba hacia la derecha reía, y cuando miraba a la izquierda lloraba.

Luego continuó ascendiendo el Mensajero junto con Gabriel hasta llegar al segundo cielo y pidió que abrieran. Dijeron: “¿Quién es?” Contestó: “Gabriel”. Dijeron: “¿Quién viene contigo?” Contestó: “Muhammad”. Dijeron: “¿Le han mandado venir?” Contestó: “Sí”. Dijeron: “Bienvenido sea y en buena hora”. Y abrieron. Y una vez dentro, encontraron allí a Yahia e ‘Isa. Ambos eran primos por parte materna. Dijo: “Éstos son Yahia e ‘Isa, salúdalos oh Muhammad”. El Mensajero de Allah los saludó, le devolvieron el saludo, manifestaron su creencia en él y le dijeron: “Bienvenido sea el hermano recto y el Profeta recto”.

Ascendieron hasta el tercer cielo y Gabriel pidió que abrieran. Dijeron: “¿Quién es?” Contestó: “Gabriel”. Dijeron: “¿Quién viene contigo?” Contestó: “Muhammad”. Dijeron: “¿Lo han mandado llamar?” Contestó: “Sí”. Dijeron: “Bienvenido sea y en buena hora”. Y abrieron. Y una vez dentro, encontraron allí a Yusuf, al verlo el Mensajero de Allah lo describió como que reunía la mitad de la belleza de este mundo. Le dijo Gabriel: “Éste es Yusuf, salúdalo”. Muhammad lo saludó, y Yusuf le devolvió el saludo, le manifestó su creencia en su profecía y dijo: “Bienvenido sea el hermano recto y el Profeta recto”.

El Profeta, junto a Gabriel, llegaron al cuarto cielo donde se encontraron con el Profeta Idrís y lo saludaron. Idrís les devolvió el saludo, y manifiesto su fe en su Profecía.

Luego ascendió al quinto cielo donde se encontró con el Profeta Harun y lo saludó. Harun le devolvió el saludo, y manifestó la fe en su Profecía.

Continuaron ascendiendo hasta el sexto cielo y Gabriel pidió que abrieran. Dijeron: “¿Quién es?” Contestó: “Gabriel”. Dijeron: “¿Quién viene contigo?” Contestó: “Muhammad”. Dijeron: “¿Le han mandado venir?” Contestó: “Sí”. “Bienvenido sea y en qué buena hora”. Y una vez dentro, encontraron allí a Musa. Dijo Gabriel: “Éste es Musa, salúdalo”. Lo saludó, Musa le devolvió el saludo, manifestó su creencia en él y le dijo: “Bienvenido sea el hermano recto y el Profeta recto”. Cuando lo dejaron atrás, vieron que lloraba. Le dijeron: “¿Por qué lloras?” Contestó: “Lloro porque es un zagal que ha sido enviado después de mí y en el Jardín entrarán más de los suyos que de los míos”.

De esta manera llegaron hasta el séptimo cielo donde Gabriel pidió que abrieran. Dijeron: “¿Quién es?” Contestó: “Gabriel”. “¿Quién viene contigo?” Contestó: “Muhammad”. Dijeron: “¿Le han mandado venir?”. “Sí”. Dijeron: “Bienvenido sea y en buena hora”. Y una vez dentro, encontraron allí a Ibrahim. Dijo Gabriel: “Éste es tu padre Ibrahim, salúdalo”. El Profeta Muhammad lo saludó e Ibrahim le devolvió el saludo, manifestó su creencia en él y dijo: “Bienvenido sea el hijo recto y el Profeta recto”.

Narra ahora el Mensajero de Allah: “Luego se hizo accesible para mí el Loto del Límite cuyos frutos eran como cántaros y sus hojas como orejas de elefante. Dijo Gabriel: “Éste es el Loto del Límite”. Y había cuatro ríos: dos ríos ocultos y dos ríos visibles. Y dije: “¿Qué son estos dos, Gabriel?” Contestó: “Los dos ocultos son dos ríos que hay en el Jardín y los dos visibles son el Nilo y el Eúfrates”. Luego me hicieron acceder a la Casa Visitada (al-Bait al-Ma’mur), que es una casa idéntica a la Ka’bah en la que cada día entran setenta mil ángeles, solo con la orden de adorar a Allah”.

A continuación se acercó aun mas a Allah, a una distancia de dos arcos o menos aún, como dice Allah en el Corán. Allí Allah le dijo lo que dijo, y le fueron prescritas las oraciones obligatorias, cincuenta al día. El Mensajero comenzó entonces a descender y al pasar junto a Musa, alaihi salam, este le dijo: “¿Qué se te ha ordenado?” Contestó, salla allahu alaihi wa sallam: “Se me han ordenado cincuenta oraciones al día”. Dijo Musa: “tu Ummah no podrá con cincuenta oraciones al día. ¡Por Allah!, que he tenido experiencia de la gente antes que tú y me he dedicado a los hijos de Israel con el mayor empeño. Así pues vuelve a tu Señor y pídele que aligere a tu ummah”. El Mensajero volvió y Allah le dispensó de diez (o de cinco, o lo dejó a la mitad, según otras transmisiones). Volvió junto a Musa y le volvió a decir lo mismo. Volvió el Mensajero junto a Allah y le dispensó de otras diez. Nuevamente llegó junto a Musa y volvió a decirle lo mismo. Y volvió y Allah le dispensó de otras diez. Volvió a Musa y le dijo lo mismo. Una vez más, volvió junto a Allah y le dispensó de diez. De manera que le ordenaron diez oraciones al día. Entonces volvió a Musa y le dijo lo mismo. Así que volvió y se le ordenaron cinco oraciones al día. Se encontró nuevamente en su descenso con Sayiduna Musa y le dijo: “¿Qué se te ha ordenado?” Dijo salla allahu walaihi wa sallam: “Se me han ordenado cinco oraciones al día”. Dijo: “yo he tenido experiencia de la gente antes de ti y me dediqué a los hijos de Israel con el mayor empeño; vuelve a tu Señor y pídele que aligere a tu ummah”. Dijo: “Le he pedido a mi Señor hasta sentir vergüenza, acepto complacido y me someto”. Dijo entonces el Mensajero de Allah: “Y cuando me alejé, se oyó una voz: “He concluido Mi precepto y he aligerado a Mis siervos”””.

En este viaje Allah le mostró al Mensajero de Allah lo que quiso mostrarle y lo hizo para que lo transmitiera a su ummah, para que les hablara sobe las bondades y las bellezas del Jardín, al mismo tiempo que les advierte sobre los castigos y dificultades del fuego, y esto fue lo que hizo el Mensajero de Allah cuando regresó del viaje.

Nada mas llegar, se dice que fue a casa de Umm Ayman, y le narró lo que había contemplado, “Mensajero de Allah” dijo Umm Ayman “no se lo cuentes a la gente pues me temo que te negarían y te causarían daño”. “Por supuesto que lo voy a contar” dijo el Profeta.

Y dicho esto, sin ningún miedo, pues no ha habido ni habrá nadie mas valiente sobre la faz de la tierra que el Mensajero de Allah, se encaminó hacia la Ka’bah donde comenzó a relatar su extraordinario viaje a la gente allí presente. Meca escuchó el relato llena de estupor. Los que no creían, sus enemigos, apenas cabían en sí de gozo. Por fin Muhammad había dicho algo tan ridículo y fantástico que quien lo contara, no podía ser más que un mentiroso, un loco. ¡Qué locura! Ir y volver a Jerusalén en una noche, cuando ese viaje en camello se tardaba un mes en llegar y otro en regresar. ¡Imposible!

Esto fue una gran prueba por parte de Allah para los musulmanes, a la vez que con este acto daba fuerza y confirmación a Su Mensajero, salla allahu alaihi wa sallam, estaba también poniendo a prueba a los musulmanes, algunos de ellos pensaron que Muhammad se había vuelto loco, y renegaron del Din del Islam, otros por el contrario afianzaron su creencia aún mas, pues sabían que Allah es el poderoso sobre todas las cosas.

Entonces un grupo fue a ver a Abu Bakr, que era conocido por su inteligencia y su perspicacia, por su buen juicio y su claridad de ideas, cuando le narraron el hecho, esperando que Abu Bakr confirmara que Muhammad se había vuelto loco, los sorprendió a todos, pues no tuvo ni un segundo de duda, ni un mínimo atisbo de duda, dijo: “Si él lo dice, ha dicho la verdad”. Y luego añadió: “Muhammad me cuenta que la revelación viene de Allah a cualquier hora del día o de la noche. Yo creo que eso es todavía más difícil que lo de Jerusalén”. Esta confirmación tan rotunda y categórica fue lo que hizo que Abu Bakr se ganara el apodo de As Sidiq, el verídico, el veraz, el que confirma la verdad.